Colombia y los medios de comunicación

María del Amparo Barrera Silva

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Cuando el cerebro se impacta por la cosmovisión que reina en Colombia, fruto de la información con que día a día nos bombardean los medios de comunicación, emergen cuestionamientos sobre la importancia de la formación de la racionalidad colectiva en un país dominado por la corrupción. El pasado miércoles 6 de febrero, los noticieros radiales, sin excepción, iniciaron la información sobre la crisis en Venezuela. Me quedó grabada en la mente la frase: “La noticia más importante del mundo y de Colombia es la crisis en Venezuela”.

Desde mi óptica, es una noticia falsa. En Colombia estamos en un punto de inflexión demasiado peligroso fruto de la aberrante corrupción que ha permeado a todos los estamentos de nuestra sociedad, considero que:

  • La Fiscalía General de la Nación, que es palabra mayor, está en manos de un personaje siniestro y corrupto, que arma montajes, para permanecer atornillado en el cargo, apoyado por los políticos y particulares tan corruptos como él.
  • El presidente del Senado una ficha de un sector político, un cuasi analfabeta, que convirtió el Senado en una plaza de mercado, que ofrece el líchigo al mayor postor, que miente en público y en privado, que engaveta los documentos que le ordena su mentor.
  • El asesinato de los líderes sociales, periodistas independientes (en Colombia hay pocos, esos pocos son excelentes y tienen temblando a los corruptos), políticos alternativos y sus seguidores.
  • Un ministro de Defensa, que evade sus responsabilidades, porque es otra ficha del establecimiento corrupto, y las explicaciones a esta masacre son dignas de un infante de 10 años.
  • El ecocidio del río Cauca, que genera desplazados, hambre y miseria a los habitantes río abajo del Bajo Cauca Antioqueño. El río Cauca es una de las dos arterias fluviales mas importantes del país, lo han convertido en un riachuelo por la construcción de la fallida obra Represa de Hidroituango, que tarde o temprano va a reventar generando una catástrofe sin parangón en la historia de Colombia.
  • La justicia permeada por la corrupción, a tal extremo qué así como se habla de carteles de criminales, se habla, sin rubor, del Cartel de la Toga.

¿Qué tienen en común todas estas atrocidades? Volver trizas el acuerdo de paz firmado entre el Estado Colombiano y las FARC, con la debida veeduría internacional, y ajustado a todos los lineamientos de la legislación internacional. Firmada la paz, se vino al piso años y años de oscurantismo en Colombia. La paz, firmada por el Estado colombiano con las FARC fue el punto arquimédico, generó que saliera a flote la corrupción en que estábamos inmersos. El acuerdo firmado, tiene por eje principal la Justicia Especial para la Paz (JEP), que subyace en la justicia para las víctimas. Ahí esta el meollo de la cuestión, no son solo de las FARC; también hay victimarios en las Fuerzas Armadas de Colombia, en políticos, en togados, en particulares como empresarios, industriales y banqueros; además, del brazo armado mal denominado “Águilas Negras”, que “nadie” sabe quiénes son y que a diario asesinan a líderes sociales, a políticos alternativos del régimen y a sus seguidores. Ahí entra de inmediato el fiscal, con montajes para desviar la atención apoyado por el presidente del Senado y togados, y con la anuencia de periodistas inmersos en la corrupción, tanto en cadenas radiales como en medios impresos. Se sabe, pero no se investiga, sobre los casos de periodistas que tienen sus dineros en paraísos fiscales para evadir impuestos, otros son familiares o tienen relaciones personales con reconocidos corruptos, y todo se tapa con “hagámonos pasito”.

Por otro lado, es claro que los periodistas tienen su derecho a la opinión y mostrar que Colombia es un paraíso y que el problema principal, por estos días es Venezuela, saben que nunca serán juzgados, la Constitución los protege. Pero, es ético, es moral, hasta dónde llega el juramento del momento de Grado. Pueden manipular, de modo colectivo la conciencia de un pueblo, sin castigo humano, será que pueden evadir la Ley de la Compensación, la justicia Divina! Ahí les dejó esta inquietud.

 

 

 

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