ORÍGENES EN EL JARDÍN

Amparo Barrera

Sonó el despertador. ¡Hora de levantarse! Adormilado, Gastón llegó al baño. El agua caliente de la ducha lo acabaría de despertar. No hay agua, Chingaza otra vez. Ese día era de racionamiento y un tercio de los bogotanos estaban sin agua.
Aún dormido, Gastón llegó a la Universidad. Tenía diferentes clases: las importantes estaban completando su formación de Ingeniero Civil, otras muy aburridas, en especial Filosofía de la Ciencia. Se cuestionó: ¿Para qué necesita un futuro Ingeniero Civil la Filosofía? Tenía claro que la Filosofía no levanta estructuras, acueductos ni edificios postmodernistas.
María Rita, la profesora de Filosofía de la Ciencia preguntó al curso: ¿Qué es el número uno? ¿Qué es un triángulo?
Gastón se cuestionó: ¡Qué ridículo! ¡A quién se le ocurren esas preguntas! Sólo a los filósofos. Pero, ¿qué es un filósofo?. Otra vez las preguntas. Se asustó porque la última pregunta se la hizo él mismo. Se extrañó y se inquietó. Las preguntas implican respuestas, y para ello hay que pensar y eso es ¡muy peligroso!
Esas preguntas desde la Filosofía lo preocuparon un poco, sabía que las densidades, las viscosidades, la resistencia de algunos materiales, los módulos de elasticidad se encuentran en tablas tabulados en los libros. ¿A dónde estarán las tablas que consulta María Rita? Las tendrá bien escondidas para “corchar” a los alumnos. Actitud muy común entre los docentes colombianos, pero él tendría el tiempo y la paciencia para encontrar el libro “sabio” que celosamente escondía las respuestas que necesitaba.
Sumido en estos pensamientos oyó de nuevo la voz de María Rita: – ¿Qué es un triángulo?, ¿Qué es un uno?.
Buscó en su memoria, estaba seguro que tenía esa información, siempre fue “pilo” para el estudio y su memoria no le fallaba. Por fin le llegan a la memoria unos dulces recuerdos de su infancia feliz, cuando el aprender era un juego de niños serios. Estaba en el Jardín Infantil. Eran 20 niños con su profesora de preescolar, de genio muy agradable que a todos consentía y mimaba de igual modo. Pudo recordar su nombre: Olguita, y revivió en su ser el cariño que sintió por ella y le afloraron unos recuerdos tan claros que podía jurar que los estaba viviendo nuevamente:

– ¿Qué es esto?, pregunta Olguita, blandiendo en el aire unos trozos de madera de diferentes colores y diferentes formas.

Él y sus compañeritos en coro responden: – Triángulo. – Rectángulo. – Cuadrado. – Uno. – Dos.
Un día cualquiera, se programó en el preescolar una salida de campo. – Vamos niños suban al bus que nos vamos de paseo a la parte alta del Parque Nacional en Bogotá donde hay un bosquecillo natural y abundan las flores y los pajaritos de diferentes colores. Cogió la lonchera con fuerza. En ella llevaba manzanas y uvas, jugo de piña, y una presa de pollo. Con cuanta nostalgia recordó la lonchera. En esa época, la lonchera representaba sus lazos familiares. Llevar la lonchera era como ir de paseo en familia. Pensó que uno de niño es tonto. ¿Por qué una lonchera, a esa edad, representa el amor de la familia?. Se subió al bus.
El paseo se inicia en un prado verde recién podado con aroma a pasto fresco. Por un lado hay un sendero en adoquines. Por ese camino llegarían a los diferentes jardines que conforman el parque. Según Olguita son los jardines del conocimiento. El ansia de saber muchas cosas invadió a Gastón completamente. El primer jardín es el de las rosas. Las hay de todos los colores. Las huele, le gusta ese olor. Llevará dos una para mamá y otra para Olguita -todas las profesoras se llaman Olguita- con esas rosas dirá todo el amor que lo invade; pero qué dolor, las rosas se defienden y no se dejan cortar.
Pasaron después por el jardín de los números. Es maravilloso ver los números en su hábitat natural. Cómo crecen en diferentes formas el número uno, el número dos, el número cuatro y a los demás números. No sin sorpresa nota que hay más de los que Olguita le había mostrado en el salón. Entabló conversación con el número cinco:

-Somos nativos de Indo-Arabia. Difícilmente nos fueron aclimatando por todo el planeta; nos tocó en franca lid batirnos a duelo con otras variedades pero sobrevivimos nosotros por ser la especie más fuerte. Al principio fue complicado adaptarnos a estas y a otras tierras, pero ahora crecemos casi silvestres por todos lados.

– ¿Entonces no hay más especies de números? Sí’, pero están casi en extinción. La variedad de los romanos, por ejemplo, sólo se usan como piezas de museo y la variedad de los aztecas fue adaptada a la variedad indoarábiga. La variedad azteca era de mucho abolengo, tenía una flor desconocida que se llamaba cero, nos injertaron con ella y eso nos dió la fortaleza necesaria para constituirnos en la especie sobreviviente.
Después pasaron al jardín de la geometría. No tenía nada que envidiar al jardín de las rosas. Allí crecían silvestres los cuadrados, los triángulos, los rectángulos. La flor de una triangulásea de color ladrillo al verlo lo saluda muy cortésmente y le dice:

– Somos de la familias de las planáseas.

– Entiendo. Soy muy aplicado y me gusta aprender cosas: planáseas viene de plano, no tienen espesor. -Esto le dió pesar. Pero le pasó pronto pues tenían otras ventajas, sus colores, su aroma, las formas, la textura.
Ese paseo le estaba gustando. En el jardín de las rosas aprendió de aromas y del dolor que puede causar una espina. En el jardín de los números aprendió a contar y a identificarlos bien. En el jardín de las planáseas aprendió de formas. Ahora llegaba al jardín de las volumináseas: vió silvestres a las esferas, de varios tamaños y colores.

El viento las hacía juntar y emitían sonidos muy armoniosos. En el centro del jardín de las volumináseas vió una especie rara de flores que no se mezclaban con las otras y tenían una actitud hostil hacia el resto de las flores. Le preguntó a una cilindrásea:

¿Quienes son esas flores tan hermosas?

-Piramidáseas y ellas son las mas creídas y antipáticas del jardín. No se mezclan con ninguna de las demás y quieren que a toda hora les estemos rindiendo pleitesía. Gastón se acercó con pasitos muy suaves pues no las quería incomodar.

– Te gustan mis flores. Somos compuestas, de mejor familia que las planáseas. Fíjate niño tonto, mis pétalos son triángulos, mi base puede ser cuadrada o rectangular. ¿Te das cuenta porqué las planáseas son una especie inferior con respecto a nosotras?

– ¿De dónde vienen ustedes?

– Que niño tan ignorante! Somos originarias de la Constelación de la Pléyades. Allí crecemos silvestres alcanzando nuestro verdadero tamaño, que es un millón de veces mayor al que tu ves ahora. Nos habitan unos seres diferentes a los terrícolas. Son familias compuestas por “hombres” y “mujeres” de 5 metros de alto. Los “niños” pleyadeños nacen de un metro. Los pleyadeños no necesitan usar ropa, en vez de piel tienen lana. La cabeza es parecida a la de los terrícolas pero tienen cuatro ojos. Dos ojos como los tienen, ustedes, los terrícolas. Los ojos que los diferencian de ustedes, uno lo tienen en la parte posterior de la cabeza y se llama trasojo y el otro en medio de la frente y se llama frenojo. El trasojo les sirve para mirar el pasado de los demás, y eso les evita perder tiempo cuando se relacionan. El frenojo les permite explorar la mente de los interlocutores y por tanto no necesitan hablar. Generalmente usan la voz para cantar, reír y recitar. El frenojo y el trasojo los pueden bloquear a voluntad. Cuando salen a pasear por el cosmos se los cubren con la piel de lana y no los dejan ver de los extraños para no asustarlos.
La “sangre” de los pleyadeños es de color blanco, parecida a la leche terrícola, y cuando se cortan los hombres y la sangre cae en la tierra se comporta como una semilla y brotan rosales de todos los colores y de ahí provienen las rosas. Cuando la sangre es de mujer nacemos las piramidáseas de todos los colores, y cuando se corta un niño brotan las margaritas blancas y amarillas.

– ¿Entonces, porqué están en la Tierra?

– Hace muchísimos años vino una expedición de pleyadeños a la Tierra. Aterrizaron unos en Egipto, otros en México, y otros en Perú. Venían en una misión de paz. Pero fueron agredidos, en esos hechos, se derramó leche pleyadeña, al secarse en una atmósfera como la terrícola, la leche cuaja en forma de pirámide y el tamaño de cada pirámide depende de la cantidad de leche derramada. Te das cuenta porqué nosotras somos una especie superior, somos sangre de Pléyades, somos extraterrestres!

– ¿Qué es ser extraterrestre? Pregunta Gastón sumamente impresionado.

– Extraterrestre, que venimos de otros mundos. Nuestras naves espaciales son enormes. La base es un óvalo y la estructura es una pirámide. La energía para impulsar la nave la obtenemos al moler los pétalos de las piramidáseas verdes. Nosotras somos muy energéticas y no contaminamos. Los pétalos blancos proporcionan luz blanca. Los pétalos rojos dan una luz roja que se usa para curar las heridas.

– ¿Por qué no veo las naves pleyadeñas?

– Estas cosas sucedieron hace 5.000 años, antes de la civilización actual de ustedes.

¿Te das cuenta que nosotros no sólo somos más inteligentes sino que las otras flores de este jardín, también son mas inteligentes que los terrícolas actuales? Hoy día ustedes aún no se explican quién construyó las pirámides, y yo, una simple mata que estoy sembrada a la tierra, en un planeta extraño, tengo las explicaciones. Sabemos eso y muchas cosas porque tenemos como todos los pleyadeños el trasojo. Ustedes no nos creen y consideran que es ciencia ficción lo que te estoy contando; por eso éstas cosas las hablamos sólo con personas como tú, que les gusta tanto el conocimiento.

¿Entiendes Gastón porqué somos superiores?

-¿Cómo supiste mi nombre?

– Leí tu pasado – No creo que sean superiores sólo porque son extraterrestres, tengan un trasojo y sean sangre de Pléyades. Uno es superior cuando es sencillo y da amor.

– Te das cuenta que eres tonto. Mira esa planásea en forma de triángulo y mírame a mí. ¿Notas algo raro?

– Ya lo creo, la triangulásea es muy alegre, le gusta cantar y a ti vociferar.

– No me refiero a eso. Mírame y responde Gastón, ¿no ves que mis caras son triángulos?

– ¿Qué es un triángulo?

– Mirándote con cuidado, veo que un triángulo es una de las cara de las pirámides.

-Exacto.

– Estoy feliz! Ya sé de donde salen los triángulos, los cuadrados y demás figuritas que me muestra Olguita. Son extraterrestres, estaban aquí en la Tierra antes de llegar el hombre a poblarla.
En ese momento Gastón salió de sus recuerdos y vió claro muchas cosas: estudiaba Ingeniería Civil por el impacto emocional que tuvo en su infancia con el encuentro del jardín de los triángulos. Las ciudades eran enormes jardines de volumináseas.
En medio de estos recuerdos y divagaciones Gastón oyó lejana la voz de María Rita. Tomó consciencia de dónde estaba y salió con nostalgia de sus recuerdos. Nuevamente oyó la pregunta inquisidora:

– ¿Qué es un triángulo?

Pensó Gastón: -no puedo decir que son los pétalos de las volumináseas. Pero yo sé la respuesta y debo compartirla con mis compañeros y mostrar a María Rita que no todos en el salón somos unos ignorantes. Tomó la palabra y hablando con fuerza y con entera seguridad afirmó:

– Son las caras de las Pirámides de Egipto, que fueron construidas por extraterrestres.
Algunos compañeros se rieron y María Rita se le quedó mirando con una expresión rara. Gastón esa noche se preguntaba el por qué de la risa de sus compañeros y la mirada de María Rita. Ya es ingeniero. Es muy felíz construyendo volumináseas para ser habitadas por terrícolas. Guarda en secreto su conversación en el jardín de los triángulos. Algunas veces recuerda y aún no entiende la risa de los compañeros ni la expresión de María Rita. Él tiene las respuestas a las preguntas mas difíciles de la Filosofía. Y es feliz.

Santafé de Bogotá, D.C. Junio 12 de 1997

2 pensamientos en “ORÍGENES EN EL JARDÍN

  1. maliaOcéano

    María, felicitaciones por el contenido de este cuento corto. Es una lástima que la educación neoliberal haya despachado de los currículos de las instituciones de educación superior la filosofía. En este relato queda claro como la filosofía en su comprensión de la naturaleza, encuentra su espacio en la geometría, el cosmos y la vida misma.

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